17 abr. 2013

QUE TODOS SE LEVANTEN, QUE NINGUNO SE QUEDE ATRÁS DE LOS DEMÁS


Manifiesto del Comité de Unidad Campesina en su 35 Aniversario,
al Pueblo de Guatemala y los Pueblos del Mundo.

Este 15 de abril, al cumplir 35 años de existencia, las campesinas y campesinos, indígenas y ladinos pobres que conformamos el Comité de Unidad Campesina -CUC-, reafirmamos que las causas que nos llevaron a organizarnos hace 35 años en pueblos, aldeas y fincas, siguen estando presentes y por eso seguimos manteniendo nuestra vigencia como organización; en estos años de existencia hemos cosechado logros y victorias y hemos dejado huella y aportado en la historia de Guatemala.

Las Huellas y Aportes del CUC en la Historia.

Desde que nacimos en aquella lejana fecha del 15 de abril del 1978, los hombres y mujeres, jóvenes y niños que conformamos el Comité de Unidad Campesina, hemos recorrido un largo camino en nuestra lucha por la justicia, una verdadera democracia, un sistema social y económico que distribuya equitativamente la riqueza generada por las y los trabajadores, las manos campesinas y los pueblos originarios.

A lo largo de estos 35 años de historia hemos librado importantes luchas a favor de la vida; hemos dado significativos aportes al país desnudando la naturaleza del sistema de dominación; apoyamos las justas luchas del Pueblo reivindicando la solidaridad; construimos propuestas y creamos, a través de nuestra experiencia y reflexión crítica, conocimientos puestos al servicio de quienes comparten nuestro anhelo por cambiar de raíz este sistema capitalista, patriarcal, racista y opresor.

Con el surgimiento del CUC, nació una nueva forma de participación y organización de las y los campesinos, indígenas y ladinos pobres, nos permitió, desde nuestras comunidades, tener presencia a nivel nacional y que hacer valer nuestras necesidades, saberes, sentimientos y demandas. Haber mantenido nuestra organización, en un país de gobiernos militares criminales y genocidas, también significa un importante logro.

Nuestra primera aparición pública se dio en aquel 1º. de mayo de 1978, unas semanas antes que asumiera la presidencia del país el sanguinario general Romeo Lucas García. Por primera vez en la historia reciente de Guatemala desfilábamos centenares de mujeres y hombres indígenas que nos identificamos con la consiga de “Cabeza Clara, Corazón Solidario y Puño Combativo”. Dimos a conocer nuestras demandas, nuestros principios y nuestra disposición de lucha. Estas demandas partían de las necesidades sentidas de nuestros pueblos y nos llevaron a luchar en contra de las inhumanas condiciones laborales en las fincas de la Costa Sur, en contra del despojo de la tierra, en contra de las masivas violaciones a los derechos humanos que se vivía en el campo y en la ciudad.

A pesar de este contexto represivo, organizamos conjuntamente con otras organizaciones hermanas de sindicalistas, estudiantes y otros sectores populares, la primera e histórica Huelga de la Costa Sur en la que participamos más de 80 mil trabajadores permanentes de ingenios, voluntarios y trabajadores temporales del altiplano. Como resultado de esta lucha logramos que se aumentara el salario mínimo de Q 1.12 a Q3.20, lo que significó un incremento de casi un 200% y aun así no cubría las necesidades básicas.

A través de nuestra representación internacional denunciamos las masivas violaciones a los derechos humanos y comenzamos a participar en las instancias internacionales de derechos de los pueblos indígenas como el Consejo Internacional de Tratado Indios (CITI), con presencia en Naciones Unidas. Tras la ofensiva represiva y las políticas de genocidio dirigido contra las comunidades campesinas e indígenas, iniciamos un proceso de rearticulación y volvimos a surgir a luz pública en la marcha del 1º. de mayo de 1987, integrándonos a la Unidad de Acción Sindical y Popular (UASP), en ese entonces organización combativa que agrupaba a diversos sectores. Contribuimos, como expresión de nuestro compromiso con los Derechos Humanos y la defensa de la vida, a la lucha en contra de la militarización, el reclutamiento forzoso, y por la disolución de las patrullas de autodefensa civil (PAC). 
 

A principios de los años noventa participamos en la Campaña Continental 500 años de Resistencia Indígena, Negra y Popular que fue la plataforma que posibilitó que Rigoberta Menchú recibiera el Premio Nobel de la Paz; también fuimos parte de las organizaciones que fundaron la CLOC-Vía Campesina, alianza campesina internacional y continental. A nivel nacional nuestra organización ha sido semilla que contribuyó al surgimiento de otras organizaciones campesinas, de mujeres, de desplazados y otras. Contribuimos también a la creación de varias coordinaciones como Majawil Q’ij, COPMAGUA, Nukuj Ajpop y CNOC que se convirtió en una importante plataforma para la construcción de propuestas de políticas e iniciativas de leyes relativas al catastro, seguridad alimentaria y nutricional, desarrollo rural, la reforma agraria y soberanía alimentaria.

Para finales de los años ochenta y principios de los noventa impulsamos varias huelgas en el campo que hicieron posible que se decretara un aumento al salario mínimo diario de hasta Q 11.20, cuando lo que más pagaban los finqueros era Q 5.00 al día, mientras que las necesidades diarias de las familias eran de más de Q 50.00.

Como organización aportamos al proceso de paz en la Asamblea de la Sociedad Civil, y posteriormente como parte del movimiento campesino organizado impulsamos luchas, participamos en las mesas de seguimiento y aportamos a la construcción de la institucionalidad agraria para empujar que se concretaran los acuerdos de identidad y derechos de los pueblos indígenas y el de desarrollo socioeconómico y situación agraria. En este sentido, contribuimos a que el desarrollo rural se convirtiera en un tema de agenda nacional.

La falta de cumplimiento de los acuerdos de paz, la agudización de la situación del hambre en el campo, las nuevas formas de despojo de la Madre Tierra y los desalojos violentos, además de la firma del Tratado de Libre Comercio, en el año 2005, nos llevaron a reflexionar sobre la necesidad de impulsar la producción, intercambio, distribución y consumo basados en principios de soberanía alimentaria y equilibrio ecológico; por lo que desde entonces promovemos la propuesta de la agroecología, y la necesidad de recuperar los saberes y prácticas de los abuelos y abuelas, para el manejo y cuidado de la madre naturaleza.

Hemos logrado recuperar más de 24,319 manzanas de tierra que pasaran a manos de campesinos y campesinas sin tierra lo que ha beneficiado a más de 4,000 familias. Fruto de esa tierra que recuperamos y con otras ayudas que obtuvimos, cuando fue el Huracán Stán, pudimos apoyar con alimentos, medicinas y reconstrucción a más de tres mil familias en 75 comunidades de 8 departamentos afectados y de la misma manera, con otros desastres naturales hemos llevado ayuda a familias indígenas y campesinas afectadas, en las regiones donde tenemos presencia.

Hemos desarrollado programas de alfabetización para mujeres, formado y capacitado a cientos de campesinas y campesinos, aportamos asistencia técnica a cientos de familias; brindamos asesoría jurídica para las comunidades que luchan por la tierra o que por esa misma lucha, han sido injustamente acusadas. Brindamos solidaridad, en lo que nos es posible, a otras comunidades y organizaciones con quienes compartimos luchas y sueños.

Estos logros han sido posibles por el esfuerzo de las comunidades organizadas y gracias al apoyo de organizaciones hermanas y la solidaridad internacional. Al hacer este recuento, queremos expresar que la lucha combativa y organizada es la que nos ha permitido obtener frutos y es, por ahora, el único camino que tenemos para obtener victorias y para que nuestras demandas sean respondidas. Estos logros deben ser consolidados, pero las condiciones actuales no nos permiten, ni garantizan que nuestra situación cambie.

La situación que vivimos en el campo y ciudades no se aguanta más.
Hermanos y Hermanas del campo y las ciudades, este país en el que día a día nos levantamos para trabajar, estudiar o sobrevivir, no es el país que queremos para nuestras hijas e hijos; nos lo han arrebatado y nos están dejando lo peor para vivir. En lugar de tener tranquilidad, la muerte camina en nuestras calles y veredas fruto de una violencia imparable. Día a día vivimos con la angustia de saber si nuestros familiares llegarán bien a casa; si acudimos a las autoridades, nos topamos con que en la mayoría de los casos, no hacen nada, no pueden hacer nada o se han corrompido y son parte del sistema de muerte en el que vivimos.

Seguimos sembrando y cosechando en las mismas parcelas que cada vez se hacen más pequeñas cuando pasan de padres a hijos. Nuestros productos se venden baratos porque no se reconoce el trabajo de campesinas y campesinos, pero lo que compramos en tiendas y mercados no deja de subir de precio. El abono se hace cada vez más caro y cada año rinde menos porque en realidad va matando a la Madre Tierra. Unos pocos siguen acaparando las mejores y más grandes tierras y a nosotras y nosotros nos van quedando las laderas, la tierra poco fértil o de plano no tenemos tierra, mientras ante nuestros ojos, crecen las fincas con caña de azúcar, palma africana, banano y hule; además se roban el agua de los ríos para regar esa producción y en verano a nuestras comunidades cada vez llega menos agua y cada invierno se dan más inundaciones.

Los bosques y montañas que nuestros antepasados cuidaron, ahora nos los están arrebatando las empresas mineras o petroleras; el agua que va quedando en nuestros ríos, las empresas hidroeléctricas quieren acapararla para producir electricidad que nunca llegará a las casas de las comunidades que fueron despojadas para construir las represas. Jamás consultan a nuestras comunidades sobre estos proyectos y cuando nos expresamos, no reconocen nuestra voluntad soberana.

Nuestros derechos existen en el papel porque la realidad es que día a día vivimos los abusos de los que concentran el poder. Si buscamos trabajo, cuesta mucho encontrarlo; si lo encontramos, es mal pagado o tenemos que trabajar desde la madrugada hasta el anochecer o bien en varios trabajos para tener un ingreso que nos permita medio cubrir nuestras necesidades; hace muchos años que la jornada de 8 horas desapareció. No existen derechos para los trabajadores y trabajadoras del campo y de la ciudad.

Muchos hermanos y hermanas se han trasladado a las ciudades pensando que se puede tener mejor trabajo y al final terminamos mal viviendo en cuartos y casas alquilados, no tenemos vivienda y no contamos con servicios decentes como agua, drenajes y energía eléctrica, pero lo que sí existe para nosotras y nosotros es el pago puntual del alquiler, del agua, de la energía eléctrica.

Aunque ha aumentado la cantidad de escuelas primaria, esas escuelas a donde van nuestros hijas e hijos están en mal estado, tienen pocos maestros, los materiales y útiles escolares cada año son más caros y al terminar la primaria existen muy pocos lugares para seguir estudiando básicos o diversificado. Si tenemos posibilidades que nuestros hijos sigan estudiando, son contados con los dedos de una mano quienes pueden seguir estudios universitarios y cuando buscan trabajo, no lo encuentran. La educación es cara y no llega a todas y todos.

Nuestras familias van a los hospitales a morirse porque en ellos no hay medicinas, no hay suficientes doctores o no hay donde hacerse exámenes. Después de esperar horas y horas para ser atendidos nos dan una receta con medicinas carísimas o nos mandan a hacer exámenes a otro lado porque el equipo no funciona; la salud pública que pagamos con nuestros impuestos es de lo peor porque tenemos más de 50 años que ningún gobierno realmente le ha importado la salud del pueblo.

Si protestamos por todas estas injusticias, nos acusan, nos persiguen y nos meten a la cárcel. Los grandes medios de comunicación, en lugar de dar a conocer las causas por las que protestamos y cuáles son nuestras demandas, tratan de hacernos aparecer como delincuentes y buscan que nuestros mismos hermanos y hermanas de las ciudades, que sufren las mismas injusticias, nos llamen bochincheros y haraganes, sin darse cuenta que nuestras razones son las mismas que les afectan y por lo tanto, deberían de sumarse a esas luchas. Ahora nuevamente la represión es la forma como responden a nuestras demandas, nos reprimen porque quieren debilitarnos, desunirnos, aislarnos y sembrar el miedo para poder seguir apropiándose de las riquezas del país que beneficiarán solamente a unos cuantos. Hacen eso porque saben que desunidos es más fácil quebrarnos, porque quieren que nuestra voz se silencie y porque le tienen miedo a la fuerza que tenemos, que es la fuerza organizada del Pueblo.

Cuando alguna vez logramos que nos atiendan, lo único que hacen es crear mesas de diálogo y nos prometen soluciones que nunca se cumplen; pasan los años, cambian los funcionarios y nuestras demandas siguen siendo las mismas. Después del gobierno de Árbenz, ningún gobierno ha velado realmente por el Pueblo; a los políticos solo les interesa usarnos como escalera para llegar a la presidencia, el congreso o la municipalidad. Ningún partido de los existentes es la solución a nuestra situación porque los partidos a lo que llegan es a hacer negocios, enriquecerse más, seguir vendiendo las riquezas de nuestro país a los extranjeros y recuperar lo que invirtieron en las campañas electorales, la corrupción es la sangre que circula por todo el sistema político. Si pedimos leyes para el pueblo, son bloqueadas, dicen que siembran la división y pasan los años sin que se aprueben, mientras tanto, las leyes que benefician a los grandes empresarios se aprueban con rapidez y la mayoría de las veces sin que el Pueblo sepa que los de siempre tienen nuevos privilegios.

Si buscamos los tribunales para exigir que se cumplan los derechos y que la ley sea pareja para todos, resulta que los que están en los juzgados son los que defienden a los poderosos o son los mismos políticos corruptos que han sido escogidos para mantener la corrupción; las leyes en la práctica no son iguales para todos y menos aún si es una mujer la que llega a exigir justicia, porque en esta Guatemala de la injusticia, lo más difícil, las mayores injusticias quedan para las mujeres. La justicia es lo que menos se ve en los juzgados.

Este sistema de muerte nos oprime, nos exprime, nos discrimina y no nos deja vivir en paz. Este país que han construido los ricos es solo para ellos y sus hijos, para nosotros y nosotras han dejado lo peor, para nosotras y nosotros no han dejado nada.

Ya es tiempo que todas y todos nos levantemos
La situación que vivimos en el campo y las ciudades, no se puede aguantar más; ya es tiempo que nos quitemos la opresión que no nos deja vivir; ya es tiempo de que todos nos levantemos, ya es tiempo de parar los abusos de los grandes empresarios nacionales y extranjeros, gobernantes, funcionarios y políticos corruptos; ya es tiempo de impedir la imposición de las medidas y políticas que solo a ellos benefician.

Para detener este sistema de muerte estamos proponiendo a los pueblos, comunidades, organizaciones y personas de buena voluntad que unamos nuestros esfuerzos para formar una fuerza popular, política y de plena participación democrática que nos permita construir el país que queremos para nuestras hijas e hijos; que haga respetar los derechos y la voluntad popular, en resumen, que le arrebate el poder a los ricos y su gobierno y construya el poder del Pueblo.

Solamente por medio de una fuerza organizada, popular y democrática podemos evitar que se sigan cerrando los espacios de participación, que se siga militarizando el país, que sigan poniendo en venta nuestros territorios y que se consolide este sistema de muerte y dominación. Necesitamos construir esa fuerza social para transformar la situación en la que vivimos y comenzar a generar cambios que sean en beneficio del Pueblo; solo así podremos decirle a todos los que se enriquecen con nuestro trabajo y nuestro sudor: ¡Basta ya!; ¡No más abusos e injusticias contra el Pueblo!; ¡no más violación a nuestros derechos!; ¡No más despojos en los territorios de nuestros pueblos!

Solo la fuerza del pueblo organizado, hace valer nuestros derechos.
Tenemos que ir formando esta fuerza del Pueblo desde los caseríos, cantones, barrios y colonias; debe ser una fuerza que unifique todas las causas particulares en una gran causa común, donde todas y todos nos sintamos presentes y representados; debe ser una fuerza organizada y popular que se movilice permanentemente para volver a traer seguridad a nuestras comunidades y barrios; que recupere la tierra en beneficio de las y los campesinos e impida que se siga concentrando tierra en pocas manos; que detenga el despojo de la Madre Tierra; debe ser una fuerza del pueblo que haga valer nuestros derechos, que no permita que nos roben el fruto de nuestro trabajo y que se pisotee nuestra dignidad.

Debemos unir los distintos ríos de nuestras luchas, para hacer un río fuerte y caudaloso que comience a establecer nuevas relaciones de poder en el campo y la ciudad; que donde estemos presentes, sea el Pueblo el que mande y se respete y recupere los distintos saberes y conocimientos populares para ir construyendo una nueva forma de educación para nuestros hijos e hijas; para ir construyendo una nueva forma de impulsar la salud para nuestras familias.

Hacemos este llamado, porque estamos convencidas y convencidos que ninguno de los partidos políticos actuales puede llevar adelante esta lucha y estos cambios y porque además, la forma como está construido el sistema político no permite la verdadera participación popular. La tarea actual tampoco es formar un partido político que participe en unas elecciones donde se gastan millones de quetzales en publicidad, se hagan promesas y al llegar al gobierno, se olviden de ellas; se trata más bien de ir levantando en cada comunidad, en cada barrio una amplia forma de participación que se base en la consulta permanente al Pueblo y en la asamblea para tomar decisiones; que quienes nombremos como autoridad, sea para ejecutar lo que el pueblo quiere y que la tarea no se concentren en una o pocas personas, sino en un gobierno local colectivo.

Hacemos un llamado a unir, articular y sumar lo que ya está organizado, organizar lo que no está organizado; fortalecer las identidades particulares y a partir de estas identidades encontrar puntos comunes y construir puentes de comunicación para impulsar las luchas actuales y futuras.

En resumen, llamamos a hacer de la Rebeldía una forma de vida: a no callarnos; a perder el miedo, a denunciar lo que haya que denunciar, a solidarizarnos y unirnos a otras y otros; a rechazar lo que nos quieren imponer, a indignarnos ante las injusticas y abusos porque no hay ningún guatemalteco o guatemalteca del Pueblo cuyos derechos no hayan sido pisoteados. ¡Ya basta de tanta injustica, dolor y sufrimiento!

Tenemos derecho a una vida plena; tenemos derecho a la justicia social, a una democracia verdadera, a construir un futuro mejor; a que se respete nuestros derechos y dignidad como mujeres y a un mundo sin violencia; tenemos derecho a convivir en armonía y en respeto a nuestra identidad como Pueblos Mayas, Xincas, Garífunas y Mestizos; tenemos derecho a rebelarnos y construir una Guatemala para todas y todos.

Que todos se levanten, que no haya ni un grupo ni dos entre nosotros
que se quede atrás de los demás

Comité de Unidad Campesina
CUC

Cabeza Clara, Corazón Solidario y Puño Combativo
de las y los Trabajadores del Campo


•• Tz’ikin
15 de abril de 2013

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