Desde 1974 Guatemala había suscrito un convenio con el Estado de Israel para recibir ayuda militar. Entre 1975 y 1982 el Ejército adquirió 11 aviones y 10 carros de combate proporcionados por Israel y equipado en su totalidad con fusiles Galil a un costo de US$6 millones.
En 1980 Israel ayudó a instalar la fábrica de industria militar guatemalteca en Alta Verapaz para producir municiones para los fusiles de asalto Galil y las ametralladoras Uzi. En 1979 técnicos del Tadiran Israel Electronics Industries, instalaron un centro de cómputo en la capital del país, que principió a trabajar en 1980. Al año siguiente, el Ejército inauguró la Escuela de Transmisiones y Electrónica, construida y equipada con el apoyo de técnicos israelitas para actividades de inteligencia.
En abril de 1977, se publicó el primer informe del Departamento de Estado sobre la situación de los derechos humanos en varios países, entre los que se encontraba Guatemala. Frente al agudizamiento de la situación de los derechos humanos en el pais, el Gobierno de Kjell, junto a otros de la región, decidió “renunciar” a la ayuda militar estadounidense, adelantándose a la prohibición del congreso respecto a la ayuda militar. A pesar de la renuncia, el suministro de equipo militar y la concesión de ayuda no se vieron afectados de inmediato ya que los fondos habían sido aprobados con antelación.
La administración Carter fue reduciendo gradualmente los programas de ayuda y entrenamiento militar. El Ejército de Guatemala buscó otros proveedores para ampliar y renovar su equipo militar. Posteriormente Israel le proporcionó fusiles de asalto Galil 5.56, aviones de transporte Arava y vehículos blindados RBY Mkl.
Para la formación contrainsurgente obtuvo ayuda de países europeos y sudamericanos, además de Israel y Taiwan. En 1977 se creó el Centro de Cómputo del Estado Mayor, para facilitar la logística militar.
Algunos oficiales y suboficiales guatemaltecos asistieron a cursos básicos y avanzados de Inteligencia y Contrainteligencia en la Escuela de las Américas del Comando Sur del Ejército de los Estados Unidos.
Además, en la formación de algunos oficiales se utilizaron manuales de las escuelas estadounidenses.
El informe de la Comisión del Esclarecimiento Histórico tuvo acceso a algunos de los manuales de entrenamiento, El manual de “Terrorismo y Guerrilla Urbana” establece que “otra función de los agentes de Contrainteligencia -CI- es recomendar blancos para ser neutralizados … ejemplos de estos blancos son oficiales de gobierno, líderes políticos, etc…”.
El Centro Regional de Telecomunicaciones, que posteriormente fue conocido como La Regional, fue creado en 1964 en el marco de la Conferencia de Ejércitos de Centroamérica (CONDECA) con el apoyo del programa de Public Safety Division USAID Guatemala, de los Estados Unidos, que pretendía la coordinación de los sistemas de seguridad a través de la conexión de telecomunicaciones de los países centroamericanos para supervisar y restringir las actividades de circulación, financiación y propaganda de personas sospechosas de ser comunistas.
La Regional fue una unidad que no solo facilitó las comunicaciones entre las diversas unidades policiales y militares sino que fue todo un sistema que coordinó y unificó el registro y la circulación de información de las personas enemigas a los intereses políticos dominantes, para que a partir de sus análisis, se realizaran operaciones policiales o militares tanto de carácter convencional como clandestino. Como ya se indicó, la Regional se convirtió en una de las principales unidades de Inteligencia durante el enfrentamiento armado. Esta unidad también recibió asesoría técnica de Israel y Argentina en el período de Romeo Lucas García.
El Gobierno de Israel también habría otorgado importantes aportes a la Inteligencia. En 1979, técnicos de una empresa israelí instalaron un centro de cómputo en Guatemala, del cual formaba parte La Regional. En 1981, la apertura de la Escuela de Transmisiones y Electrónica del Ejército fue construida y equipada con apoyo de Israel. En 1982, por lo menos 300 expertos israelíes especializados entre otras en seguridad y comunicaciones, estuvieron en Guatemala.
En 1980, la oficina de Prensa de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) denunció que entre Israel y Guatemala se había celebrado un acuerdo mediante el cual Israel proporcionaría instructores en psicología guerrillera, terror político y comunicaciones; estos instructores ingresaron al país como asesores agrícolas.
Hacia finales de la década de los setenta, a partir de la suspensión de la ayuda militar por parte del Gobierno estadounidense de Jimmy Carter, los Gobiernos de Argentina, Colombia, Chile y Taiwán otorgaron asesoría al Ejército de Guatemala en instrucción a los oficiales de Inteligencia. De manera más particular, en Taiwan se formaron oficiales en Inteligencia estratégica; en Colombia oficiales asistieron a cursos de analistas e interrogadores y Argentina, en colaboración con militares chilenos e israelíes, asesoró a cuerpos armados guatemaltecos en Inteligencia. Hacia 1981 alrededor de 200 miembros de la Policía y el Ejército fueron enviados a Buenos Aires, donde recibieron entrenamiento en técnicas avanzadas de Inteligencia, incluyendo el uso de técnicas de interrogación.
Este perfil profesional consistió en una mejor dotación de recursos humanos y materiales al trabajo de Inteligencia. De manera más sistemática se capacitaron militares en el campo de la Inteligencia, tanto en el exterior como al interior del país, con la creación de la Escuela de Inteligencia, hacia finales de 1980. Algunos oficiales fueron enviados al exterior a realizar cursos de Inteligencia en países como Argentina, Chile, Israel y Taiwán. Además, la Inteligencia empezó a contar con mayores recursos financieros y técnicos. Desafortunadamente, esta profesionalización no se tradujo en un mayor respeto por los derechos humanos; por el contrario, será en estos años
La FAG no estuvo bien equipada en cuanto a su material bélico; sin embargo, por las necesidades del enfrentamiento se le asignó material para utilización, casi de manera exclusiva, en operaciones contrainsurgentes. Para ello contó con aviones a reacción A-37, de fabricación norteamericana, los cuales fueron diseñados para el apoyo de las fuerzas terrestres en bombardeos y ametrallamientos a baja altura y aviones IAI Arava, de fabricación israelí, cuyo diseño también fue orientado a la lucha contrainsurgente, inclusive para el transporte de tropas y abastecimientos. Otro de los aviones que por sus características técnicas fue utilizado en operaciones contrainsurgentes fue el PC-Pilatu de fabricación suiza, y el avión C-47, de fabricación norteamericana, apropiada para bombardeos y para lanzar paracaidistas sobre objetivos identificados.